Reescribir tu infancia desde el amor: un abrazo para tu niñx interior
Hay carencias que el tiempo no borra.
Vacíos que no se llenan con palabras.
Heridas que no necesitan explicaciones, sino presencia.
Quizás faltó ese abrazo.
Ese “todo está bien”.
Ese “te veo, te valoro, te quiero tal como eres”.
Y aunque no puedas volver al pasado…
sí puedes rescatar a esa parte de ti que quedó esperando.
Esa niña. Ese niño. Esa versión pequeña, vulnerable, sensible, que aún vive dentro de ti.
A veces en silencio.
A veces gritando por ser reconocida.
Este ejercicio es una puerta.
No para cambiar lo que fue, sino para sanar desde el presente lo que sigue doliendo.
Busca un momento de calma.
Apaga el ruido exterior.
Cierra los ojos.
Respira profundo.
Una, dos, tres veces.
Siente cómo tu cuerpo se relaja un poco más con cada exhalación.
Ahora, trae a tu mente la imagen de tu yo niñx.
No importa si lo recuerdas con claridad o no.
Imagina…
¿Cómo eras a los 5, 6, 7 años?
¿Qué ropa llevabas? ¿Cómo era tu mirada? ¿Tu postura? ¿Tu energía?
Obsérvalx con ternura.
Sin juicio. Sin prisa.
Acércate, en tu mente, suavemente.
Y dile:
“Estoy aquí.”
“No estás solx.”
“Te veo. Te escucho. Te abrazo.”
Y hazlo.
Imagina que lxs abrazas.
Que lxs sostienes como te hubiese gustado ser sostenidx.
Con todo el amor que hoy sabes dar.
Con la compasión que antes no te dieron.
Tal vez venga el llanto.
Tal vez venga una paz que no sabías que necesitabas.
Tal vez no sientas nada, pero en el fondo… algo se mueve.
No lo juzgues.
Solo quédate.
Solo siente.
Solo honra ese momento.
Estás reescribiendo tu historia emocional.
No en los hechos, pero sí en lo más profundo:
en cómo te relacionas contigo hoy.
En cómo tratas a ese niñx que sigue dentro.
Porque lo que no recibimos de niñxs no se olvida.
Se guarda en el cuerpo.
Se expresa en nuestras relaciones.
En nuestra forma de amarnos (o no).
De pedir ayuda (o no).
De confiar (o no).
Y cada vez que nos negamos ternura, repetimos esa ausencia.
Pero cuando decidimos darnos lo que faltó, algo cambia.
Reparar no es borrar el dolor.
Es sostenernos con amor donde antes hubo abandono.
Es decirle a nuestra historia: “Te veo. Y aún así, merezco amor, paz, y ternura”.
Cada vez que te sientas solx, rechazada, confundidx…
puedes volver a esta imagen.
Puedes abrazar a tu niñx interior.
Puedes recordarle y recordarte que hoy, al fin, no está solx.
Y que tú, con todo lo que has vivido, con todo lo que has aprendido,
eres capaz de cuidar a esa parte herida.
De honrarla.
De acompañarla.
De sanarla, poquito a poco.
Porque sanar no es olvidar.
Sanar es recordar sin romperte.
Es construir un refugio dentro de ti.
Donde tu niñx interior ya no tenga que esconderse.
© 2025 Mi historia no empieza conmigo.
Un espacio para sanar sin prisa, sin juicio, con amor.
WhatsApp
¿Quieres descubrir cómo las experiencias del pasado influyen en lo que sientes hoy? 💭
Puedo ayudarte a reflexionar, escribir o conectar con tus emociones.
✨ Elige cómo empezar:
IR A WHATSAPP
¿Tienes consultas? Habla con nosotros.